domingo, 14 de octubre de 2012

Nuestro paladar, es innato o se educa??


Las elecciones alimentarias están condicionadas por múltiples factores como nos indican desde consumer. Entre ellos: la historia y la tradición de nuestro entorno, la influencia familiar y de amigos, la economía (desde el coste de los alimentos hasta el poder adquisitivo) y los elementos relacionados con la psicología, como las preferencias. Para la vertiente antropológica y social de la investigación del comportamiento alimentario, estas últimas desempeñan un papel central en el momento de escoger un alimento u otro.

La preferencia por el sabor dulce y el rechazo de las sustancias amargas o las especias picantes (que producen irritación en la boca y en la garganta) parecen ser innatas. Algunas investigaciones lo respaldan al haber estudiado las diferentes reacciones faciales de los neonatos cuando se les administran líquidos con sabor dulce o con un gusto amargo o ácido. Pero si bien existe esta base de nacimiento -determinada en cierto modo por una predisposición genética-, la mayoría de las preferencias alimentarias se adquieren a través de la experiencia, es decir, se aprenden. ¿Cómo se explicaría, si no, la pasión de los adultos por el café o el gusto por la cerveza?


Durante el primer año de vida se experimenta un rápido crecimiento físico, social y emocional. También se desarrollan las preferencias alimentarias, que se configurarán durante toda la infancia. Por ello, es crucial el entorno social y cultural, aunque la familia es el entorno más inmediato y, por lo tanto, el más determinante. La influencia de padres y madres no solo abarca lo que estos ofrecen a los niños para comer o los consejos que dan sobre la alimentación ("debes comer verdura"), sino también todo el modelo que ofrecen a sus hijos. En definitiva, se trata de aplicar el clásico consejo de "predicar con el ejemplo".

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